Europa estremecida

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El viejo mundo occidental ha sufrido un rudo golpe con los atentados de Paris, ocurridos en la noche del viernes 13 de noviembre, que arrojan la espantable cifra de 129 muertos y casi tres centenares y medio de heridos.

Los atentados se producen cuando Francia participa activamente en los bombardeos a territorios dominados por el Estado Islámico. La prensa francesa y mundial ocultan la lógica perversa de estos hechos. Si Francia ataca con los aviones que representan supuestamente el orden internacional legítimo, el Estado Islamico responde en el corazón de París con balas, explosivos y un arrojo suicida.

Ninguna forma de terror es tolerable racionalmente pero nadie puede negarse a ver la relación que hay entre un hecho de agresión armada convencional y el hecho de una acción armada terrorista, uno y otro de naturaleza incuestionablemente política.

Francia toma un camino equivocado cuando su Presidente declara que el país esta en guerra y que será implacable con los terroristas o países que los apoyan. El mismo error del presidente norteamericano Bush con ocasion del ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

Las medidas que se toman atañen a los efectos no a las causas del problema. De momento se cierran fronteras, se extreman los controles, se hacen allanamientos sin orden judicial, se militarizan los espacios públicos, se decreta el estado de excepcion. Necesario, quizá. Son acciones que producen en la gente la impresión de que las autoridades están preocupadas y son diligentes.

Pero el problema no está allí, está en la estructura de las relaciones internacionales, en la realidad de un mundo donde unos países y bloques de países se imponen a otros por codicia en relación con sus recursos o por prejuicios en relación con su cultura. La cadena despótica, excluyente y depredadora, pasa, en la crisis civilizatoria que se vive, por la familia; la empresa, el Estado burocratico, las instituciones supranacionales y la relación hombre naturaleza.

Francia dice ser, seguir siendo, el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad. El hecho es, sin embargo, que hoy es uno de los países donde mayor estridencia ha ganado la xenofobia. No, la fraternidad no es una característica predicable del mundo actual como lo explica agudamente Antoni Domenech en su reciente obra “El Eclipse de la Fraternidad”.

El viejo mundo quiere blindarse contra la inmigración en medio de la recesión. Cataluña quiere no formar parte de España para disfrutar ella sola de su mayor riqueza. Las exclusiones se inspiran todas en egoísmos colectivos sobredimensionados.

Los atentados y la inmigracion masiva que se esta produciendo, los dos hechos que estremecen hoy a Europa , en el fondo, me atrevo a sospecharlo, van en el mismo sentido. Los capitales voraces y las tecnologías avanzadas de la información globalizaron el mundo, pero las personas no están globalizadas, no gozan de la misma libertad de circulación que capital e información, no se reconoce a todos, hombres y mujeres, ciudadanía y posibilidades plenas de disfrute de derechos donde quiera que vayan. Las fronteras de los países están estorbando en el mundo de hoy.

Lo había dicho Saramago: El desplazamiento del sur al norte es inevitable: no valdrán alambradas, muros ni deportaciones, vendrán por millones, Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno porque ellos vienen de un hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto esta cada vez mas cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio esta servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias.

@luisisandoval

Last modified on Martes, 17 Noviembre 2015 22:26
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