Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra
Integrante del Ismac y miembro de la Coordinación Política de Redepaz
El fin de año dando vuelta por el sur llegué hasta el Caguán. Quería hacerme mis propias y directas impresiones sobre esta estigmatizada zona. Acababa de ser asesinado el Gobernador del Caquetá y pensé por un momento que el periplo podía ser accidentado o sencillamente imposible. En absoluto, no tuve dificultad para moverme, ni para visitar lo que me interesaba, ni para hablar con las personas que yo elegía. No encontré un solo retén ni del ejército ni de la guerrilla y no tuve que presentar la cédula ni una sola vez a lo largo de la vía entre Bogotá y Florencia, tampoco al viajar a algunos de los municipios cercanos a esta pujante capital del piedemonte amazónico. Ahora quiero comunicar a los lectores las que fueron para mí dos gratas sorpresas en la antigua zona de despeje, escenario de frustrados diálogos de paz.
Luis Sandoval, miembro de la Coordinación Política de Redepaz, analiza la actual coyuntura política y los retos que le impone a la sociedad las actuales condiciones como la el rescate incruento de secuestrados y las enormes manifestaciones ciudadanas.
El columnista Luis Sandoval analiza las consecuencias de la actual crisis institucional
Colombia necesita hoy, marzo 2008, dos diálogos en espacios distintos pero con vasos comunicantes entre ellos, sobre dos grandes problemas de la nación
Según el censo de 2005, en 20 ciudades capitales y sus zonas conurbadas reside el 70% de la población urbana de Colombia. Las metrópolis nacionales y regionales, consideradas en su condición de áreas metropolitanas como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, comprenden el 48% de la población urbana del país. En el rango de ciudades mayores figuran Bucaramanga, Cúcuta, Cartagena, Pereira e Ibagué con población entre 500 mil y un millón de habitantes y en ellas residen 3.2 millones.
Lo del 5 de julio fue impresionante: ríos y ríos de blanco, jóvenes, empleados, empresarios, magistrados, políticos, religiosos, dirigentes de sociedad civil, sindicalistas, redes de paz y derechos humanos, movimiento de mujeres, organizaciones de víctimas, lustrabotas, abigarrada e inmensa multitud vibrando en solidaridad. El gesto, el grito, el pito, la camiseta, la pancarta, los mimos, las comparsas portaban todos un mensaje central: ¡No al secuestro, sí a la vida! ¡Acuerdo humanitario ya!
Está creciendo el poder de la calle en el país y en el mundo. La extraordinaria toma de calles y plazas por maestros, estudiantes y ciudadanía en general que la prensa del 31 de mayo reseñó con impresionantes fotografías de multitudes protestando pacíficamente lo demuestra. En Colombia el hecho lo genera la disputa por recursos públicos para políticas sociales. En América Latina llevamos más de una década de movilización: desempleados (“piqueteros”) en Argentina, campesinos sin tierra en Brasil, indígenas pobres y excluidos en Bolivia y Ecuador, mayorías populares empobrecidas por un TLC en México, pueblo raso apropiándose una porción de la riqueza petrolera que nunca había sido suya en Venezuela.
Las constituyentes regionales rehacen la verdad, viabilizan el pacto social, identifican las reformas democráticas, asumen las particularidades regionales, dan cabida al encuentro y la reconciliación de víctimas y victimarios, permiten el surgimiento de un nuevo sujeto político
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