REDEPAZ


Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra

Territorios de Paz No. 31

Domingo 30 de octubre de 2005
Territorios de Paz No. 31

Publicamos el editorial del número 31 del períodico Territorios de Paz de REDEPAZ la Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra.

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Hace 18 años, cuando los sacerdotes jesuitas Francisco de Roux y Horacio Arango
convencieron a su comunidad de vender la maravillosa joya de «La Lechuga» lo
hicieron para que con esos dividendos se pudiera crear un Programa por la Paz que
le aportara a la búsqueda de una solución a la profunda crisis de violencia que afrontaba
el país; con esa decisión se imaginaron también un escenario en el que la fuerza de
la vida se hiciera visible y fuera capaz de contagiar a miles de personas que llevaran
a Colombia a alcanzar la Vida con dignidad para todas y todos, ese escenario ha sido,
La Semana por la Paz.

Fue en la Plaza de Bolívar del Distrito Capital donde se desarrolló la primera gran
acción de la Semana por la Paz, 50 mil niños y niñas convocados por el Programa por
la Paz y el Movimiento por la Vida, vinieron a entregar entonces un Manifiesto de
Sueños Infantiles.

Muchas cosas han pasado desde entonces, el país registró en su historia
acontecimientos tan importantes como los acuerdos de paz de la década del 90, el
movimiento de la séptima papeleta que junto a los significativos hechos de paz, llevaron
a la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

Colombia tiene una historia de guerras y violencias y esa se ha contado
mucho, pero también tiene una historia de mediaciones, de esfuerzos vitales para
resistir el impacto de esas violencias, esa se cuenta menos. Nosotras y nosotros
(Iniciativas de Paz) hemos sido protagonistas de esa historia, es una historia
maravillosa de la que tenemos que sentirnos orgullosos.

La década del 90 mostró cómo la sociedad civil organizada puede impactar en las
grandes decisiones de un país. Hemos hecho contribuciones a lo que podría ser una
política permanente de Estado para la paz, logramos la creación del Consejo Nacional
de Paz, hicimos las más grandes movilizaciones de la historia por una solución
pacífica y negociada del conflicto armado, logramos 10 millones de votos en el Mandato
por la Paz.

Es cierto que procesos fracasaron y seguramente alguna responsabilidad nos
cabe. Es cierto que los fracasos trajeron graves consecuencias y un gran reflujo en la
movilización ciudadana por la paz. Pero sólo un reflujo, no la desaparición, ni el
agotamiento definitivo de este activo patrimonio de la sociedad colombiana.
Por el contrario, pocos meses después de la ruptura de los procesos de diálogo
con las FARC y el ELN, miles de mujeres nos tomamos las calles de Bogotá para
rechazar la guerra.

En municipios y corregimientos, comunidades de paz se han organizado para
enfrentar la amenaza de las armas y el desplazamiento forzado, las Asambleas
Constituyentes han hecho uso del principio constitucional de la soberanía.
Las comunidades indígenas y afrocolombianas, con métodos pacíficos, con
movilización centenaria siguen resistiendo la injusticia y la inequidad. En muchas
regiones, obispos, sacerdotes y pastores acuden al diálogo para resolver los conflictos
y demuestran que la palabra es una herramienta poderosa que protege la vida. Los
trabajadores y las organizaciones sociales, no sólo han pagado una inmensa cuota
de sacrificio en vidas como consecuencia de la dinámica del conflicto, también hacen
permanentes aportes en la construcción de una agenda que nos saque de este
interminable laberinto. Los jóvenes se han ido levantando contra ese modelo que el
narcotráfico y la violencia ha querido imponer en sus vidas.

Pero no sólo los ciudadanos y ciudadanas que gozamos de libertad nos movemos
por la construcción de la paz. En esta semana por la paz, se hizo visible cómo en la
Penitenciaría de Picaleña, los reclusos sueñan y construyen desde adentro de las
rejas una sociedad en convivencia.

También hay autoridades locales que dan ejemplo acom-pañando a su pueblo.
Es el caso de experiencias como la Constituyente del Valle del Cauca y la de los
municipios del Huila y Nariño.

Buena parte de este mapa de la paz, se reunió en la Plaza de Bolívar y en la
Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, durante los días 8, 9 y 10 de septiembre en el
Congreso Nacional de Iniciativas Ciudadanas de Paz, del cual salió una agenda para
la paz.

Es importante manifestar nuestra gratitud al aporte que la comunidad internacional
ha hecho a esta causa ciudadana de la paz ya que han comprendido que en Colombia
la Paz se teje con mano ciudadana.
La Paz un punto de encuentro fue el nombre que le dimos al Congreso Nacional de
Iniciativas

Territorios de Paz No. 30

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