
La política no es inercia, es creación. Creación a partir de las potencialidades de la realidad. De ordinario el presente está preñado no de una sino de varias posibilidades de futuro. Que nazca una u otra depende de las condiciones, las lecturas, los proyectos y la voluntad de los actores políticos. Mi lectura, quizá la de muchos y muchas, es que el gran propósito (utopía cercana) que mueve a la sociedad colombiana en estos tiempos es el de superar el conflicto avanzando en democracia, justicia y desarrollo para formar parte con dignidad del mundo global. En ese reto está hoy el campo de realización de la política colombiana.
Frente al conflicto la sociedad un día ensaya la inteligencia y el diálogo, otro apela a la fuerza y el accionar militar. Por momentos combina los dos. En razón de lo que acaba de ocurrir con el rescate masivo e incruento de secuestrados y por la amplitud con que ha resurgido el llamado y la oferta a los insurgentes para hablar de paz me parece que la carta final para salir del conflicto puede ser la política y no la militar. Se abriría la posibilidad de un nuevo comienzo en la vida política del país a partir de una posición de entendimiento y no de exterminio. Parecería que la inteligencia gana terreno en el manejo estatal del conflicto.
El Presidente Uribe está disfrutando y capitalizando un triunfo político que no se propuso obtener: el nuevo clamor general, nacional e internacional, podría decirse mundial, por la apertura de diálogos para la paz de Colombia. La férrea oposición a los rescates militares por parte de familiares de secuestrados, sociedad y comunidad internacional, obligó a sofisticar, en buena hora, los métodos del rescate incruento. Es un triunfo de la resistencia civil sobre el guerrerismo desaforado. Este triunfo, parcial pero real y de enorme impacto en la opinión, le ha creado condiciones favorables, inéditas e insospechadas, a la salida política. Según sondeos de los últimos días de junio el 62.9% de la opinión quiere diálogo (Opinómetro, 30.06.08). El siguiente triunfo que la sociedad espera y por el cual saldrá a las calles es la liberación de los demás secuestrados, diálogos humanitarios y acuerdos de paz.
Por doquier se escucha hoy el llamado y la oferta al diálogo para la paz. Las nuevas ofertas de diálogo del gobierno colombiano y los pronunciamientos de personalidades y jefes de gobiernos extranjeros acerca de la necesidad de la paz en Colombia y la expresión de su voluntad de contribuir a ella (Fidel, Lula, Chávez, Evo, Correa, Kitchner, Bachelet, Sarkozy) son ampliamente conocidos.
Pero no lo es tanto la expresión quizá más autorizada respecto a la paz de Colombia, la del Foro de Sao Paulo en su XIV Encuentro, Montevideo mayo 23-25 de 2008, cuando declara: "La situación que vive la hermana República de Colombia constituye el principal factor de riesgo para la estabilidad y la paz en la región. Por ello debemos extremar nuestros esfuerzos para lograr una salida negociada al conflicto armado, que asegure una paz duradera y evite la generalización del conflicto en la región. El acuerdo humanitario constituye un paso significativo en esa dirección que permite la liberación de los rehenes civiles y militares".
Esta Declaración fue suscrita por 844 delegados de 35 partidos de izquierda de América Latina, de los cuales 13 están hoy en el gobierno. Nunca se había levantado una voz tan fuerte y unánime con el peso de ser opción de gobierno y de poder ya no para un país sino para todo un continente. También la OEA, en declaración de embajadores a propósito de los 15 secuestrados ahora libres, acaba de pronunciarse por los diálogos de paz.
Ingrid Betancourt desde el primer momento en libertad ha dicho que trabajará para lograr que gobiernos y comunidad internacional presionen el giro de las FARC hacia la paz. Acierta Ingrid porque mientras todo el mundo, incluida la nueva izquierda que triunfa, está convencido de la justeza de esa posición, ellos, los armados, no dan el paso aunque reiteradamente han planteado estar buscando una "salida política y diplomática al conflicto". Las FARC que le han dado tantos motivos de repudio al país y al mundo, tienen hoy una presencia política, son destinatarios de una oferta y son objeto de una expectativa que les posibilita un salto audaz de cara al mismo mundo que las ha condenado.
Un presupuesto para tener en cuenta es que en muchas partes, en muchos medios, en muchos organismos internacionales, en muchos países, incluso en Estados Unidos, sin pecar de ingenuidad, con seguridad hay amigos y amigas reales que sinceramente cooperarían para una paz decorosa y justa en Colombia si hacia ella deciden caminar gobierno e insurgencia. ¿Porqué no, Alfonso Cano, instalar diálogos para la paz de Colombia en París de cara al mundo? El Presidente Sarkozy, creo yo, no dudaría en apoyar esa propuesta si la comparten gobierno e insurgencia y si las dos partes le solicitan a Francia esa cooperación.
Bienvenida la Declaración del ELN, fechada el 4 de julio, en la cual se plantea que "un acuerdo nacional es la salida a la crisis, que solo el conjunto de la población colombiana puede poner en orden a las instituciones", que es importante la cooperación de la cooperación de la comunidad internacional que de tiempo atrás viene apoyando a Colombia en el tránsito hacia la paz y la democratización”.
Las declaraciones a favor de la paz política de todos los actores involucrados directa o indirectamente en el conflicto, es preciso buscar hacerlas realidad. Colombia es hoy causa humanitaria y causa de paz para el mundo entero. No puede ser inane tan impresionante convergencia general: ¿Qué hacer para que tantas palabras e intenciones de paz se traduzcan en caminos y en realidades de paz?
La sociedad, civil y política, no puede quedarse solo como espectadora pasiva frente a los acontecimientos, tiene que disponerse a generarlos a partir de sus acumulados. Hay un potencial enorme para plantear un nuevo comienzo. Quienes trabajamos en mil formas en sustituir violencia, pobreza, conflicto, ingobernabilidad por democracia somos multitud, pero estamos desarticulados. Las iniciativas ciudadanas renovadoras en centenares de municipios y la gente en la calle lo están demostrando. Un nuevo sujeto de transformación democrática para la paz está en gestación hace tiempo en Colombia. Esa es la materia prima para una nueva iniciativa de salida política del conflicto. El 20 de julio, en Colombia y en Francia, volveremos en masa a exigir el fin del conflicto y a explorar vías de paz.
La paz política requiere la intervención activa y la iniciativa política de la sociedad. La propuesta de paz se espera ahora de la sociedad (civil y política). Corresponde a los desarmados proponer a los armados los términos políticos para terminar el conflicto (Notables 2001). Un proyecto democrático incluyente (democracia pactada) se hace necesario y posible, soportado en un conjunto plural de fuerzas (coalición), que asuma la función de mediación estructural entre el establecimiento y la rebelión supérstite. El sujeto surge en la gestación del proyecto. Facilitadores serán necesarios. Cooperación internacional será necesaria. Procesos de justicia transicional serán necesarios. Gobiernos de transición y conciliación serán necesarios. Mucha comprensión y paciencia activas serán necesarias.
Hay que moverse con decisión hacia la paz cualesquiera que sean las circunstancias políticas venideras en el país. Es inaplazable una paz decorosa y justa para Colombia. La paz política es la victoria de todos. Para ello es preciso superar "el terrible amor a la guerra" existente en todas las orillas.