REDEPAZ


Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra

Este ensayo es resultado del diplomado “Hermenéutica del conflicto y derechos humanos” realizado con el grupo de Cabildeo de la Mesa Humanitaria de Antioquia, de la cual hace parte REDEPAZ. Además de REDEPAZ, en el diplomado participaron la Universidad San Buenaventura, PNUD, OCHA, CICR, IPC, ISAGEN, la EPM y la Personería de Medellín.
El drama Humano detrás de las cifras
Por Víctor Casas Mendoza

Viernes 5 de junio de 2009

Colombia en toda su historia ha conocido más años de guerra que de paz. Luchas de independencia, guerras civiles, conflictos políticos, económicos, sociales, y finalmente, el conflicto reciente ligado directamente al narcotráfico. Debido a este la tierra ha sido motivo de lucha constante en las últimas dos décadas, pues a pesar de producir solo el 14 por ciento de la riqueza legal del país frente a un 86 por ciento atribuido a la industria el comercio y los servicios; es de la tierra que se produce el 100 por ciento de la riqueza ilegal en Colombia. Por tal motivo, el Estado ha tenido que enfrentarse a grupos ilegales que se han disputado no solo el territorio sino también el control sobre la población que la habita.

Colombia en toda su historia ha conocido más años de guerra que de paz. Luchas de independencia, guerras civiles, conflictos políticos, económicos, sociales, y finalmente, el conflicto reciente ligado directamente al narcotráfico. Debido a este la tierra ha sido motivo de lucha constante en las últimas dos décadas, pues a pesar de producir solo el 14 por ciento de la riqueza legal del país frente a un 86 por ciento atribuido a la industria el comercio y los servicios; es de la tierra que se produce el 100 por ciento de la riqueza ilegal en Colombia. Por tal motivo, el Estado ha tenido que enfrentarse a grupos ilegales que se han disputado no solo el territorio sino también el control sobre la población que la habita.

La resistencia a los actores armados por parte de campesinos, habitantes de pueblos alejados de las grandes ciudades, cuyas vías de comunicación son a veces insuficientes, ha provocado la muerte, desaparición y desplazamiento de miles de colombianos. Víctimas de un conflicto armado al que han sido sometidos aun siendo protegidos por el derecho internacional humanitario, conjunto de normas que fueron creadas para regular la intensidad de los conflictos y principalmente para la protección de los civiles.

Son esos civiles quien ha tenido que padecer con mayor fuerza el conflicto. Debido a los combates, los secuestros, los asesinatos que tiene como blanco la población civil, además de desapariciones, mutilaciones por minas antipersonal, entre otros muchos vejámenes del conflicto colombiano, se han visto obligados a dejar sus tierras. Según País Libre han sido desplazados y obligados a ir, en la mayoría de los casos, hacia las grandes ciudades. El estimado de las Naciones Unidas en 2007 habla de un aproximado de cuatro millones de desplazados en Colombia.

El caso antioqueño:

Uno de los departamentos de Colombia con mayor número de víctimas del conflicto armado es Antioquia. Se trata de uno de los puntos estratégicos para los grupos armados ilegales, por sus condiciones geopolíticas, sociales, económicas y ambientales , motivo por el cual su historia esta bañada de sangre y ha sido el lugar en el que más frentes de los grupos ilegales han operado. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), han hecho presencia en la última década con el bloque noroccidental, el bloque central y el bloque del Magdalena Medio; un total de siete frentes de esta guerrilla en el departamento. Por su parte el Ejército de Liberación Nacional ha hecho presencia con ocho frentes; y los grupos de autodefensas, hasta su desmovilización, hicieron presencia en Antioquia con diez frentes .

El departamento de Antioquia, situado al occidente del país, tiene una extensión de 63 mil 612 kilómetros cuadrados y está dividida en 9 subregiones a las que pertenecen 125 municipios y cuatro mil 375 veredas. Posee grandes recursos naturales y por su ubicación presenta todos los pisos climáticos siendo productora de una amplia variedad de productos agrícolas, además de tener como capital a la segunda ciudad del país, uno de los núcleos industriales más importantes de Suramérica.

La convergencia de los múltiples grupos de guerrillas y autodefensas, mencionados anteriormente, sumado a narcotraficantes, traficantes de armas y delincuentes comunes en buena parte de las regiones del departamento, hicieron que Antioquia estuviera asociada durante cuatro décadas a una violencia significativa, que se expresó a través de altas tasas de homicidio, múltiples casos de desplazamiento forzado, numerosas víctimas de minas antipersonal e intensas acciones armadas por parte de los grupos delincuenciales, disparando todos las estadísticas en cuanto al número de víctimas y provocando una crisis humanitaria en Antioquia.

1996-2006: el clímax del conflicto Luego del esfuerzo por parte del Estado para diezmar la violencia producto del denominado “Cartel de Medellín”, y de dar muerte a Pablo Escobar, autor intelectual de miles de asesinatos de policías, políticos y civiles a finales de la década de los 80 y hasta 1993, los índices de homicidios empezaron a aumentar en 1996.

Ese incremento en la tasa de homicidios registrado en Antioquia se explica por varios hechos: Es el departamento con mayor número de frentes de las Farc, el ELN y las autodefensas; tiene importantes corredores de comercialización de coca y entrada de armas tanto hacia el mar Caribe como hacia el Pacifico y como consecuencia muchas regiones en disputa entre grupos ilegales por los cultivos ilícitos .

En 1997, el narcotráfico conformó nuevos grupos y estructuras y la guerrilla formuló la decisión de abandonar la ciudad como espacio de territorio y lucha. A partir de esta fecha, las autodefensas empiezan a disputar de manera violenta el territorio urbano, las calles y las laderas de los barrios se convirtieron en campos de batalla . Este mismo conflicto urbano se vivió con fuerza en las zonas rurales.

La expansión paramilitar – en un primer tiempo constituidos alrededor de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), y después de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) -, se da en 1997 hacia el Nordeste, Occidente, Suroeste antioqueños y el departamento del Chocó y en 1998 hacia el Oriente antioqueño. De esta manera, se consolidó la presencia del bloque Élmer Cárdenas, cubriendo buena parte del departamento de Córdoba, el Urabá antioqueño y el medio y bajo Atrato en Chocó, al igual que el bloque Mineros, ubicado en el Nordeste antioqueño y los bloques Bananero y Nutibara en Medellín. Además, el bloque Metro hacía presencia en el Oriente antioqueño, el cual fue absorbido en 2004 por el bloque Cacique Nutibara, después de una disputa armada intensa. Cabe destacar que la incursión y expansión de estos grupos se tradujo en graves violaciones de derechos humanos (masacres, homicidios selectivos e indiscriminados y desplazamiento forzado .

Los índices de homicidio, secuestro, desaparición forzada, y desplazamiento, siguieron en acenso hasta el año 2002 cuando empezó un retroceso como resultado a la política de seguridad democrática, con la cual, el Estado empezó a hacer presencia en lugares que antes eran controladas “por el bandido de turno” . Desde ese año y hasta 2006 los índices empezaron a descender, y para el final del primer gobierno de Álvaro Uribe, el departamento de Antioquia respiraba con un poco más de calma en comparación a los años anteriores, entre otras cosas porque el 2006 llegó con la desmovilización de los grupos de autodefensas, quienes por años aportaron a las estadísticas de violaciones de los derechos humanos.

El drama humano y las estadísticas

En el mundo el número de bajas entre la población civil es ahora desproporcionadamente superior al registrado en cualquier otro momento de la historia de las guerras . En el caso colombiano, los civiles terminaron involucrados e incluso usados por los actores armados. Esto lo reflejan las estadísticas de distintas ONG incluso las del mismo Estado. Durante 1996 y 2006 las estadísticas de masacres se disparo en todo el territorio nacional. Las masacres “en Colombia, se conocen bajo este término aquellas acciones homicidas en las que caen muertas al menos cuatro personas, en una misma circunstancia de tiempo modo y lugar .

Fue el departamento de Antioquia uno de los mayores a portantes de muertos a las estadísticas nacionales, sin duda es uno de los casos más dramáticos. Para el año 2000, los homicidios representaban el 25 por ciento del total nacional, cifra que se redujo solo hasta el 2006 al 12 por ciento . No significa esto que los índices no sean elevados, por ejemplo en el primer semestre de 2007 se presentaron 961 homicidios en el departamento. Los más afectados por este delito fueron en este periodo los municipios del Valle de Aburrá .

Dentro de las cifras se refleja con preocupación el caso de los niños víctimas del conflicto. No solo son los objetivos de esos conflictos sino que se están convirtiendo cada vez más en instrumentos de éstos. Su sufrimiento adopta muchos aspectos, tanto en medio del conflicto armado como después . Por este motivo firmar la paz no es siempre el fin último de la guerra.

El último registro de homicidios en el departamento de Antioquia, y publicado por el Programa Presidencial para los Derechos Humanos y el Derecho internacional Humanitario muestran que entre enero y marzo de 2008, 564 personas murieron de forma violenta.

Los que nunca regresan

La desaparición forzada según el preámbulo de la declaración sobre la protección de todas las personas contra este fenómeno, define este crimen como "La detención o secuestro de una persona contra su voluntad (...) por agentes del gobierno o (...) de grupos organizados o de particulares que actúan en nombre del gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, quienes se niegan a revelar la suerte (...) o el lugar donde se encuentran, o a reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas así a la protección de la Ley . En el caso colombiano miles de personas fueron desaparecidas en la última década, fueron, en ocasiones, torturadas, y en la mayoría de los casos asesinadas para luego ser arrojadas en fosas comunes, en ríos, o incluso como alimento para animales.

Hoy miles de víctimas esperan encontrar a sus familiares. La incertidumbre sobre la suerte que han corrido sus seres queridos es una dura realidad para innumerables familias en situaciones de conflicto armado y de violencia interna. En todo el mundo, hay padres, hermanos, cónyuges e hijos que buscan desesperadamente a familiares desaparecidos. Al ignorar si están vivos o muertos, los parientes y las comunidades son incapaces de dar por terminados los hechos violentos que han trastornado su vida. Su ansiedad es la misma años después de que han terminado los combates y reina de nuevo la paz. No pueden emprender un proceso de readaptación y reconciliación a nivel personal o comunitario.

Las generaciones futuras guardarán el resentimiento producido por la humillación y la injusticia que han sufrido sus familiares y vecinos. Esas heridas pueden destruir el tejido social y socavar las relaciones entre personas, grupos y naciones, incluso decenios después de los acontecimientos .En las desapariciones “los sentimientos de culpa, dolor, impotencia y rabia acompañan a las familias que atraviesan por un trance .

En Antioquia, lugar en el que según la Fiscalía se encuentra el mayor número de fosas comunes, algunas víctimas han optado por asociarse para así luchar justos por una misma causa, la verdad sobre el paradero de sus seres queridos.

El caso de Irene

La mañana del 15 de julio de 2008 Irene Valencia esperaba tener por fin el acta de defunción de su hijo. Hasta el teatro de la Universidad de Medellín llegaron treinta familias a recibir lo que la violencia dejó de sus seres queridos. Irene esperaba pacientemente su turno. En una mano sostenía una vela blanca y en la otra una carta que le escribió al Presidente Álvaro Uribe, quien finalmente no pudo asistir pues tenía que entregar la bandera nacional a un grupo de deportistas. Mientras tanto, Irene recibió un sufragio con un poema y una foto que pretendía remplazar los restos de su hijo.

Ese día algunos contaron con mejor suerte. La Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía entregó los restos de 26 personas. “Quede en las mismas”, dice Irene para quien la pesadilla aun no termina, mientras no se tengan restos no se le puede hacer entrega de un acta de defunción. “¿Yo de donde voy a tener restos si el río es un caudal muy grande, y con el invierno eso corre y corre?”, se pregunta mientras ve una de las fotos de Oswald Alexis.

La tragedia de Irene

Para Irene el 28 de marzo es una fecha de infausto recuerdo. Ese día Oswald Alexis, el segundo de sus tres hijos, salió a jugar un partido de fútbol y nunca volvió. Dicen en el barrio Pablo Escobar donde vivía, que un tal “Samuel”, un supuesto retirado del ejército fue el que se lo llevó a él y a otros jóvenes del barrio.

Uno de los muchachos logro escapar en un descuido de sus captores. A su regreso contó a la hermana de otro retenido lo que había sucedido: “hay cucha como le parece que nos llevaron para un campamento y nos hicieron poner unos uniformes, dieron dos millones de pesos por cada uno de nosotros”, a su vez contó que los habían obligado a subir en un camión durante varias horas y luego en lancha por un rio para posteriormente internarse en la selva. El joven corrió de regreso al rio, pidió a unos campesinos que lo llevaran a la carretera, estando allí se subió en un carro y regresó sin saber que compartiría el mismo destino de los que se habían quedado en el monte, pues a los pocos días de estar en Medellín lo matarían.

Al día siguiente Irene salió a hacer un par de diligencias pensando que su hijo volvería a casa en cualquier momento. Cuando regresó ya se comentaba por los callejones del barrio la historia de los muchachos que se habían llevado el día anterior. Para esta mujer que hacía apenas tres meses había perdido al mayor de sus hijos, un militar que estaba de licencia y que se encargaba de mantener a la familia, la desaparición de Oswald de 22 años, fue un duro golpe.

Para Irene y las demás madres que perdieron a sus hijos, buscarlos no era una opción. Las amenazas se empezaron a escuchar, “si me matan, ya igual estoy viviendo horas extras, pero ¿donde le hagan algo a los nietos?” expresaba Irene. Solo hasta que se puso en marcha la Ley de Justicia y Paz, ella y otras cuatro mamás del barrio Pablo Escobar decidieron poner el denuncio y se unieron al movimiento de Madres de la Candelaria, gracias ello pudieron visitar en la cárcel de Itagüí a los jefes paramilitares desmovilizados.

Allí hablaron con Ramón Isaza, quien parecía ser el responsable de los hechos. Él, de este caso, como de la mayoría que se le han imputado, no supo dar respuesta. Cuando les dijeron a las mujeres que salieran, Ramiro ‘Cuco’ Vanoy llamó a dos de ellas y les pidió el número de cedulas de los muchachos desaparecidos del Pablo Escobar para hacer las averiguaciones pertinentes. La respuesta a años de angustia parecía estar cerca.

Sin embargo, todavía faltaba un trecho largo por recorrer. Pasaron horas y horas de versiones libres, y miles de contradicciones de unos verdugos que ya no recordaban a quienes habían asesinado, hasta que finalmente Ever Veloza García, alias ‘HH’, aceptó su responsabilidad en los hechos, dijo que había dado la orden de matarlos por solicitud de Vicente Castaño, uno de los principales cabecillas de las AUC. Los hechos se presentaron cerca de San Jacinto, un caserío en el sur de Bolívar en límites con Antioquia. A Oswald Alexis le arrebataron la vida y su cuerpo fue empujado a las aguas del rio Cauca. La misma suerte corrieron los hijos de Gilma, Olga, Lilia y Elizabeth todas habitantes del barrio Pablo Escobar.

Para Irene la noticia era la confirmación de un presagio, no volvería a ver a su hijo, su cuerpo difícilmente sería hallado, y ahora ella debería sacar adelante a los tres niños que, como herencia, Oswald le había dejado.

Laura Daniela, Angie Valentina y Mario Andrés habían quedado huérfanos. Laura la mayorcita, apenas y tiene un recuerdo vago de su padre, ni siquiera tiene su apellido, pues en los días que él estaba haciendo los trámites legales para registrarla como su hija se lo llevaron. Mario Andrés un niño de ocho años, solo conoció a su papá por fotos. El destino en cambio lo obligo a saber de la existencia del verdugo de su padre, cada vez que lo ve en televisión sus pequeños puños golpean la pantalla. Cierto día se acerco a su abuela Irene y le dijo entre murmullos: “abuela, abuela, vea si usted quiere se lleva dos ropas y yo me llevo dos ropas y nos vamos. A mi papá se los llevaron unos hombres y yo sé porque camino nos vamos, yo sé por dónde está mi papá”.

Desafortunadamente la realidad es otra. El rio Cauca es una gran tumba sin nombres ni apellidos, cientos de colombianos ajusticiados por grupos de autodefensas eran arrojados al rio borrando toda la evidencia. En algún lugar del caudaloso rio descansan los restos de Oswald Alexis Urrego, Aldo Albeiro Guizao, Álvaro Gómez Alzate, Juan Bautista Durango y Víctor David Valdez, cinco jóvenes sacados a la fuerza de las lomas de Medellín.

En 2002, dos años después de la muerte del asesinato de sus hijos y la desaparición del otro, su hermano y su sobrino fueron asesinados en su parcela en el municipio de Nariño en el Oriente antioqueño y enterrados en una fosa común en los predios de la finca. Cuando en los primeros meses de 2008 Irene fue en compañía de los fiscales de la unidad de exhumaciones, los cuerpos ya habían sido removidos del lugar dejando nuevamente a Irene en el limbo de no dar siquiera con los restos de sus seres queridos.

El paso de los años no cierran aun las heridas que la guerra ha dejado en esta mujer. Dejo de ir al sicólogo pues recordar las escenas de todo lo ocurrido la perturba aun más. Recordar, por ejemplo, el momento en que alias ‘H.H’ le pidió perdón, es una imagen que no la deja dormir en las noches. “¿Una persona con tantos crímenes si llegara a sentir arrepentimiento? ¿Será que de verdad le esta carcomiendo la conciencia?, sentencia Irene.

Lo que piensa Irene

A mí no me han dado la verdad y ¿Para que una reparación sin una verdad? No hay mejor reparación que le digan a uno la verdad, una verdad que justifique el habernos dejado padeciendo y haber dejado estos niños huérfanos. No están reparando a las víctimas como las deben reparar. Están reparando los reinsertados que fueron los que hicieron los crímenes, y las víctimas, a veces no conseguimos ni el agua panela para darles a los niños. Yo para que ocho o diez millones de pesos, eso se acaba rápido en manos de uno que no está enseñado a manejar plata, y entonces ¿el hijo mío se queda perdido así como así?

No ven la situación en las que están las víctimas, ¡miren las condiciones en que nosotros vivimos!, nos toca pensar mucho rato para poder salir a comprarle un calzoncito a un muchachito. Cuando el Estado dice que hay millones para reparar a la gente y la reparación no se ve por ningún lado, para mí esto no es un país, es una traba de mentiras en que el pez más grande trata de atragantarse el más pequeño. A las victimas nos envolatan, valla aquí, valla allí, valla allá, y en últimas, ‘no usted no ha hecho ninguna vuelta’ entonces le falta volver a empezar. Quienes somos los que llevamos del bulto, ¡las victimas!

Cuántos niños no están desnutridos, y no se pueden tomar ni un vasito de leche diario, eso no lo averiguan, todo lo dicen por encima, y dan mucha noticia, y hablan mucha bobada, pero una cosa es hablar, otra cosa es que escudriñen a fondo haber como viven los hijos, las madres y las esposas de las víctimas. Eso sí, desaparezcan a una persona que tengan platica y si le hacen el escándalo más grande del mundo, pero nosotros lamentablemente nacimos en estos estratos, entonces para el Estado no somos nada. El Estado se burla de nosotros porque no tenemos medios para enfrentarnos a él. A pesar de todo, yo abrigo la esperanza que algún día mi hijo aparezca.

© REDEPAZ - 2010 -

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