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Red Nacional de Iniciativas por la Paz y contra la Guerra

Acuerdo Nacional por la Verdad

Martes 24 de abril de 2007, por Luis I. Sandoval

Las constituyentes regionales rehacen la verdad, viabilizan el pacto social, identifican las reformas democráticas, asumen las particularidades regionales, dan cabida al encuentro y la reconciliación de víctimas y victimarios, permiten el surgimiento de un nuevo sujeto político

Sin verdad plena no puede haber desmonte de estructuras armadas ni puede asegurarse la no repetición de la barbarie.

La verdad no es completa cuando solo tiene que ver con un actor armado porque la guerra es un complejo entramado de actores y acciones.

La verdad no se construye o se devela toda en su solo momento, la verdad es progresiva en la medida en que los diversos actores se vinculan a la paz.

La verdad supone una real voluntad de terminar el conflicto tanto por parte de actores institucionales como de actores no institucionales.

Es muy difícil recorrer el camino de la verdad plena mientras haya actores que mantienen la decisión de continuar el conflicto armado de manera abierta o encubierta.

Hay dos vías para la pacificación: la pacificación militar o la pacificación democrática. La verdad no encuadra en la primera, solo es posible con la segunda.

Con la “seguridad democrática” Colombia esta sometida a una estrategia contradictoria: guerra para unos, diálogo, penas benignas y no desmonte efectivo para otros.

Colombia requiere una política integral de paz democrática con vías de sometimiento a la justicia para las autodefensas y vías de negociación política para las insurgencias.

El horizonte final de la paz debe ser el compromiso de todos con un pacto fundante que asegure el monopolio de la fuerza y la profundización de la democracia en el Estado social de derecho.

Actualmente no hay compromiso con la verdad, se le teme a la verdad, se le llama calumnia porque no hay voluntad ni estrategia real de paz. Solo una política real de paz democrática puede conllevar a la reconstrucción de la verdad, pero hoy la búsqueda de la verdad puede aproximar el país a la paz.

El acuerdo por la verdad es, debe ser, un acuerdo para indagar y reconocer el porqué y el cómo de la situación de multiviolencia a que hemos llegado, a fin de desactivarlos.

Si el horizonte final de la paz es rehacer el pacto social para profundizar la democracia, el actor central de la paz es la sociedad en ejercicio de plena participación y soberanía.

El pacto por la verdad no es una ley de punto final o de perdón y olvido, es la condición para que opere la justicia transicional y la sociedad recupere con el sentido ético su vitalidad e iniciativa.

El pacto por la verdad es para devolver la transparencia a la política y facilitar su ejercicio por la sociedad: sin clientelismo, sin violencia, sin mafias, sin armas.

Las constituyentes regionales, como procesos no como fugaces ritos asamblearios, son el medio, ya probado, para que la sociedad ejerza como actor central de la paz: ellas rehacen la verdad, viabilizan el pacto social, identifican las reformas democráticas, asumen las particularidades regionales, dan cabida al encuentro y la reconciliación de víctimas y victimarios, permiten el surgimiento de un nuevo sujeto político de mediación estructural, renuevan y reconstruyen la institucionalidad democrática, son la expresión efectiva de una extraordinaria innovación: una democracia de base ancha plural directa participativa y deliberativa.


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